La Psicología Positiva y el beneficio mutuo trabajador-empresa


Estamos viviendo una época en la que unicamente oímos hablar sólo de beneficios económicos, productividad, rebaja de condiciones laborales… Bajo estas condiciones de presión parece difícil el fomentar un ‘clima’ favorable. Es una pena que desde diferentes ámbitos se fomente la visión de que el trabajador es un número y su consiguiente imagen de que la empresa es ‘un exprimidor’. Una correcta formación (que parece que empieza a emerger) en los beneficios mutuos que la aplicación de la Psicología Positiva podría otorgar a trabajador y organización se hace altamente deseable.

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A partir de que Seligman y Csikszentmihalyi iniciasen oficialmente el estudio de la ‘Psicología Positiva’ como una rama con entidad e importancia propia dentro de la propia Psicología se iniciaron sistematicamente una serie de estudios al respecto de los efectos que la puesta en marcha de las teorías de esta nueva disciplina podían tener en diferentes ámbitos de la vida. Esto incluyó al funcionamiento de las organizaciones.

Los distintos estudios analizados señalan que las prácticas positivas dentro de la organización que favorecen el desarrollo y el crecimiento de los empleados se relacionan positivamente con los resultados deseables de la organización como es, entre otros, el rendimiento. Por ejemplo, el clima y las prácticas positivas dentro de la organización (Ozcelik, Langton y Aldrin, 2008), el liderazgo de servicio y transformacional (van Dierendonck y Nuijten, 2010), el capital psicológico positivo (Luthans, Avolio, Avey y Norman, 2007), la flexibilidad psicológica (Bond, Flaxman y Bunce, 2008), la satisfacción de los trabajadores (Judge, Thoresen, Bono y Patton, 2001), el bienestar psicológico de los trabajadores (Wright, Cropanzano y Bonett, 2007), el compromiso (Bakker y Leiter, 2010), la experiencia de fluir (Demerouti, 2006) entre otros, predicen positivamente el rendimiento de los trabajadores. En otras palabras, la adopción de un enfoque de desarrollo y crecimiento de la persona en el contexto de trabajo parece estar asociado con un aumento de las ganancias de la organización.

De las conclusiones de estos estudios, se pueden derivar una serie de implicaciones prácticas recomendables:

  • Habilitar el desarrollo de un clima y unas prácticas organizacionales positivas, por ejemplo, ofrecer recursos para facilitar el equilibrio trabajo-familia (horarios flexibles, semana laboral comprimida, el teletrabajo, las instalaciones de guarderías, etc.), introducir programas de tutoría, facilitar la recuperación con tiempos de descanso adecuados y días de descanso, promocionar la generación de un clima de apoyo entre los empleados, etc.
  • Analizar las características de los puestos de trabajo y de los recursos, promoviendo retos y desafíos en lugar de obstáculos buscando, así como la motivación, el compromiso y la facilitación de la experiencia de fluir.
  • Seleccionar los coordinadores y los directores teniendo en cuenta sus características como líderes de servicio y/o transformacionales (no sólo las diferencias individuales, sino también sus relaciones dentro de la dinámica social) y, por otro lado, promover igualmente la emergencia natural y la formación de estos dos tipos de liderazgo.
  • Realizar intervenciones para mejorar el capital psicológico y la flexibilidad psicológica de los empleados mediante distintas técnicas como las provenientes de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) aplicada al trabajo.

(Puedes leer el artículo completo al respecto en Infocop)

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